Sunday, November 06, 2005

Sobre la competencia

Los niños en china, a fuerza de hormiga, son capaces de cargar con tres o más veces su peso en la relación presión psicológica-edad.

El sábado pasado les tocó examen a mis dos grupos de niños de Chao Yang. La primera clases, casi de principiantes fue la de k2. Ellos presentaron su examen y tuvieron resultados poco satisfactorios -a ojos de mi asistente. En realidad el examen era sencillo y fue una sorpresa para mí ver tantos errores en cada examen. No me siento capacitado ni con la información suficiente como para explicar el porque de las cosas. Simplemente se hace la anotación y se pone atención a factores que podrían ser repetitivos.

El grupo k3, nivel poco más avanzado, tuvo muchos mejores resultados. Al parecer sólo dos alumnitos no pasaron el examen. En esta clase, sin embargo ocurrieron unos sucesos extraños.

El grupo k3 está formado por niños de entre 6 y 10 años con la excepción de Tommy de 12 años, niño que tiene un nivel superior de inglés pero, en ausencia de grupo k4, lo tienen confinado al pobre en aquel salón. Existen además, una niña y un niño que toman clases en dos grupos, k2 y k3. Esto quiere decir que cada sábado están desde las 8am hasta las 12:40pm en el mismo salón de clases con sólo 5 descansos de 10 minutos cada uno. Cuando veo las caritas de esa parejita me da una sensación de malestar que termina manifestándose –para ellos- en un maestro haciendo payasadas y ridiculices que les hacen el momento poco más grato. Yo hubiera adorado estudiar matemáticas con un payaso y digo esto dejándoles en claro que a mí me gustan las mates.

El resto de los alumnos tienen diferentes niveles en este grupo heterogéneo. Antes de finalizar la clase, mi asistente Pan Wen, decidió hacer los resultados públicos. Fue en orden descendente, empezó con Tommy –100- y terminó con John –60- lo acabó al decirle que era el más bajo del grupo. Seguramente es una de las vergüenzas más terribles que ese niño ha sentido. Cuando Pan Wen empezó a recitar las calificaciones, me percaté de lo que estaba a punto de ocurrir, era demasiado tarde, estaba fuera de mis manos. De detenerla, hubiera desplazado la vergüenza de John hacia mi asistente. Dejarla mal parada frente a los niños no es una buena idea dado el juego de autoridad vigente en el salón.

Después de esto, casi todos los niños salieron felices porque la clase había acabado. Fuera del salón, se amontonaban los padres de familia para saber las calificaciones de sus hijos y la de otros de pasadita.

Lo primero que me volcó el corazón fue la mamá de Lily hablando con Pan Wen acerca del desempeño de mi alumna más brillante –una de las más pequeñas. Su calificación no era en absoluto representativa de su nivel y desempeñó. Cabe aclarar que dentro del salón estaba mi mochila, en ella, un examen muestra rayado por completo. A mi parecer, el examen estaba hecho con las patas, muy mal diseñado.

Cuando Pan Wen comentó la calificación de Lily, yo me acerqué y le comenté que su hija era una de las mejores en clase, que era inteligente y destacada.

Decidí ir al baño para lavarme el gis de las manos, en el camino me encontré con una señora en cuclillas, frente a ella estaba mi alumno John llorando sin consuelo alguno. Bajé al nivel de la situación, le acaricié la cabeza al niño mientras decía palabras que ni él ni su madre entenderían. Detrás de mí, busqué a otra asistente como recurso de intérprete, contacto visual, Ji Yan (yi ien) se acercó. Intenté consolar y halagar a John frente a su madre. Logré poco, pero dejó de llorar.

En mí, una furia contra mi excelente asistente se multiplicaba. Literalmente, me hirvió la sangre. Con que chingado derecho se aplasta a un niño. Además, nada positivo se consigue con eso.

Volví al salón. Ordenamos y nos salimos. Ya en la calle, antes de la despedida, decidí hablar con Pan Wen, para este momento mi sangre ya estaba de nuevo a su temperatura, mi cabeza ya había dado tres o cuatro vueltas al asunto, tenía claro como quería tratarlo.
Le pregunté si era común en china hacer eso. Contestó que sí, agregó que ella creía que la competencia es muy buena. La dejé terminar. No volvió a hablar sino para pedir disculpas y comentar que no sucedería de nuevo. No la regañé y ni siquiera fui duro. Pan Wen es una excelente persona y trabaja de maravilla, nunca hubo malas intenciones de su parte, ella creía que era por lo mejor.

Mi argumento fue muy sencillo. El grupo no tiene un bagaje homogéneo en el estudio de la lengua. Los grupos están muy mal conformados, tenemos múltiples niveles. Si lo que se desea es provocar competencia, erramos en la justicia. Si queremos ser justos, la competencia es imposible. Esto tiene un nombre, competencia desigual.

Cerramos la plática con una sonrisa. Ella es muy profesional y tiene una alta sensibilidad para con los niños.

Yo me quedé pensando en el pobre de John. ¿Y qué habrá sido de Andy? El también tuvo 60 pero ya no lo vi al finalizar la clase.

1 Comments:

Blogger Chuy Santos said...

Me gustò la historia. A mi tb me hubiera gustado un payaso de profesor.

Tx

07 November, 2005 23:35  

Post a Comment

<< Home